ADICCIÓN AL DOLOR una obsesión emocional peligrosa

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Adicción al dolor, masoquismo

El potencial de volverse adictos al dolor es bien conocido, pero puede ser difícil distinguir entre la dependencia relacionada con el dolor y una adicción. El daño emocional puede convertirse en una adicción al dolor emocional para algunas personas. Abrumadas por sentimientos como tristeza, depresión, culpa, vergüenza o miedo, estas emociones se vuelven tan comunes y constantes que puedes sentirte como si fueran parte de ti y no puedes imaginarte la vida sin ellas. Cuando estás continuamente expuesto al dolor emocional, hay cambios en el cerebro que producen una adicción a esos sentimientos.

Y aunque esta adicción al dolor emocional puede ser significativa y debilitante, cuando continúa por un período prolongado de tiempo, también puede terminar afectando tu salud física.

Aunque el dolor emocional a menudo se descarta como menos grave que el dolor físico, es importante que el dolor emocional continuo se tome en serio. En algunos casos, puedes necesitar ver a un médico antes de que el dolor emocional se te convierta en una adicción al dolor físico.

Sentimientos comunes asociados con el dolor emocional que pueden generar adicciones

La tristeza implica sentimientos embotellados de pena o decepción, ahogar esas lágrimas requiere mucha energía, que puede dejarte agotado, agobiado e incluso dolorido. La tristeza no debe confundirse con la depresión.

Podemos ser adictos a estados emocionales negativos o patrones de pensamiento, como la infelicidad o encontrar el lado negativo de cualquier situación.

Y ahora incluso el dolor físico puede funcionar al menos parcialmente a través de las vías de la adicción en el cerebro, creando la adicción al dolor físico.

El sufrimiento y la lucha son adicciones emocionales tan fuertes como las adicciones al alcohol, la nicotina y las drogas, pudiendo generar adicción al sufrimiento.

La crueldad como herramienta de la adicción

La mayoría de las veces, tratamos de evitar infligir dolor a otros, cuando lastimamos a alguien, típicamente experimentamos culpa, remordimiento, u otros sentimientos de angustia.

Pero para algunos, la crueldad puede producir placer, incluso existen personas que disfrutan con el dolor ajeno. Nuevas investigaciones sugieren que este tipo de sadismo cotidiano es real y más común de lo que podríamos pensar.

Dos estudios revelaron que las personas que disfrutan con el dolor ajeno, que obtienen una puntuación alta en una medida de sadismo, parecen derivar placer de conductas que hieren a otros, e incluso están dispuestas a gastar un esfuerzo adicional para hacer sufrir a alguien más. Algunos encuentran difícil reconciliar el sadismo con el concepto de funcionamiento psicológico “normal”, pero los hallazgos muestran tendencias sádicas en personas que de alguna manera aparentan estar bien. Estas personas no son necesariamente asesinos en serie o desviados sexuales, sin embargo obtienen algún beneficio emocional con un “me gusta el dolor” el dolor de los demás, al causar o simplemente observar el sufrimiento de otros. Existe mucha gente que odia el dolor, mucha gente a la que le gusta el dolor, y mucha gente que ama el dolor.

El sadismo da placer a través de la imposición del dolor, mientras que el placer de observar la desgracia y en particular el hecho de que el otro de alguna manera merecía la desgracia.

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